Por Rika S., becaria de Dartmouth en RFFNH.

Al crecer como expatriada en Kuala Lumpur, Malasia, tuve la oportunidad de trabajar como voluntaria en una pequeña clínica rural para mujeres dedicada a la lactancia materna y la obstetricia. Esa experiencia fue transformadora y moldeó mi forma de ver la atención sanitaria, la defensa de los derechos y la importancia de la comprensión cultural. En la clínica, aprendí que las decisiones sobre salud rara vez se toman de forma aislada. Están influenciadas por la familia, la comunidad y las creencias culturales y religiosas profundamente arraigadas. Una de las lecciones más impactantes fue aprender sobre el concepto islámico de parentesco por la leche, que crea vínculos familiares con profundas implicaciones sociales y legales. Ser testigo de cómo estas creencias afectaban al cuidado materno e infantil me enseñó que comprender el contexto cultural no solo es valioso, sino esencial.

Mientras trabajaba como voluntaria, observé cómo la cultura podía tanto apoyar como dificultar la salud de las mujeres. Las redes comunitarias ofrecían un gran apoyo a las madres primerizas, ayudándolas a afrontar las exigencias físicas y emocionales del parto y la lactancia. Al mismo tiempo, ciertas normas culturales y religiosas a veces creaban barreras para la atención sanitaria o limitaban el acceso a información precisa. Por ejemplo, algunas mujeres dudaban en hacer preguntas sobre salud reproductiva porque pensaban que podría entrar en conflicto con las expectativas culturales o las tradiciones familiares. Me di cuenta de que la defensa y la prestación de asistencia sanitaria no solo consisten en ofrecer recursos, sino también en escuchar atentamente, conocer el contexto de cada persona y encontrar formas de atender a las personas allí donde se encuentran. Respetar los valores culturales y, al mismo tiempo, proporcionar la atención necesaria es un equilibrio delicado, pero es un equilibrio que puede hacer que la atención sea más eficaz y significativa.

Esta perspectiva me ha acompañado mientras participo en la defensa de la salud reproductiva aquí en New Hampshire. Organizaciones como el Fondo para la Libertad Reproductiva reconocen que la comprensión cultural fortalece su trabajo. Eliminar las barreras financieras al aborto y a la atención sanitaria que afirma el género es vital, pero también lo es crear un entorno en el que las personas se sientan vistas, respetadas y apoyadas. Conocer a las personas en el contexto de sus propias vidas permite a los defensores generar confianza y garantizar que la atención sea accesible, segura y compasiva. He visto cómo escuchar y aprender sobre los antecedentes, las creencias y las experiencias vividas de las personas puede ayudar a romper barreras y fomentar una atención sanitaria más inclusiva.

Mis experiencias en Malasia también reforzaron la importancia de la empatía y la humildad. El camino de cada persona está determinado por una combinación de factores personales, culturales y sociales. La justicia reproductiva debe tener en cuenta todos estos factores si quiere ser verdaderamente equitativa. A través de mi participación en ReproFund, he visto cómo una defensa reflexiva y culturalmente informada puede empoderar a las personas, derribar barreras y crear comunidades más fuertes y resilientes. La defensa no consiste solo en prestar servicios, sino en comprender, conectar y amplificar las voces de quienes con demasiada frecuencia son marginados.

La justicia reproductiva es un esfuerzo colectivo. Ya sea a través del voluntariado, las donaciones o simplemente la sensibilización, cada persona puede contribuir a una cultura de cuidado que sea equitativa, compasiva y culturalmente informada. Al adoptar la comprensión cultural como parte fundamental de la defensa de los derechos, podemos crear un panorama de salud reproductiva en el que se reconozcan, respeten y satisfagan las necesidades de todos. Mi esperanza es que más personas reconozcan la importancia de escuchar, aprender y comprometerse con la cultura como parte central de su labor de defensa. Este enfoque hace más que proporcionar atención; genera confianza, fortalece las comunidades y garantiza que los derechos y la salud reproductivos sean accesibles para todos, independientemente de su origen.

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